En el mundo de la inversión, no seguimos a los multimillonarios porque siempre tengan razón. Los seguimos porque a menudo son capaces de pensar en horizontes temporales más largos, entrar en tendencias antes que la mayor parte del mercado y desplegar capital a una escala que el inversor común solo puede observar desde lejos. En 2026, este enfoque queda bien reflejado en dos nombres: Masayoshi Son, fundador de SoftBank, y Justin Ishbia, el inversor detrás de la firma de private equity Shore Capital Partners.
A primera vista, cada uno parece pertenecer a un mundo completamente distinto. Son es hoy uno de los inversores más visibles en el campo de la inteligencia artificial y de la infraestructura tecnológica a gran escala. Ishbia, por el contrario, construye su fortuna a través del private equity, la consolidación de pequeñas y medianas empresas y unos activos deportivos cada vez más valiosos. Juntos, sin embargo, muestran hacia dónde fluye en 2026 una parte del capital más grande y paciente del mundo.
Masayoshi Son: una apuesta por todo el ecosistema de la inteligencia artificial
Masayoshi Son siempre ha sido conocido por sus decisiones de inversión audaces. Su estrategia actual no es una excepción. SoftBank ya no invierte únicamente en empresas tecnológicas. Está intentando ocupar partes clave de toda la cadena de valor de la inteligencia artificial.
La parte más visible de esta estrategia es OpenAI. En julio de 2026, SoftBank Group anunció que había ejecutado el segundo tramo de 10.000 millones de dólares de su inversión posterior en OpenAI, como parte de un paquete previamente anunciado por un total de 30.000 millones de dólares. SoftBank también indicó que planeaba completar el tercer tramo, igualmente de 10.000 millones de dólares, en octubre de 2026. Anteriormente, la compañía había señalado que, tras completar esta inversión, su inversión total en OpenAI debería alcanzar los 64.600 millones de dólares, lo que equivaldría a una participación aproximada del 13%.
Para los inversores, el mensaje es bastante claro. Son no está apostando solo por el software o por los chatbots populares. Está apostando por la idea de que la inteligencia artificial se convertirá en una de las capas fundamentales de la economía mundial. Según esta lógica, el capital no fluirá únicamente hacia los modelos, sino también hacia los chips, los centros de datos, la capacidad en la nube, la energía y la infraestructura física sin la cual los sistemas avanzados de IA no pueden funcionar.
La infraestructura de IA como el nuevo activo inmobiliario de inversión
Uno de los temas de inversión más importantes de 2026 es que la inteligencia artificial está convirtiendo la infraestructura en un mercado de crecimiento. Los centros de datos, las fuentes de energía, la refrigeración, los terrenos, el acceso a la red eléctrica o los semiconductores ya no son solo un trasfondo técnico. Se están convirtiendo en activos estratégicos.
La participación de SoftBank en el proyecto Stargate lo muestra con claridad. OpenAI, Oracle y SoftBank presentan el proyecto como una gran plataforma de infraestructura de IA. Según OpenAI, la expansión a cinco nuevas ubicaciones estadounidenses para centros de datos de IA llevó Stargate a casi 7 gigavatios de capacidad planificada y a más de 400.000 millones de dólares en inversiones durante los tres años siguientes.
SoftBank también avanza directamente hacia la infraestructura en la nube. En julio de 2026, SoftBank Corp. y SoftBank Group anunciaron la creación de SB Neo, un negocio estadounidense de neocloud diseñado para proporcionar capacidad de computación de inteligencia artificial a grandes empresas, incluidos los hyperscalers. La compañía afirmó que SB Neo utilizará una infraestructura energética y de IA a escala de 10 gigavatios que SoftBank Group está desarrollando.
La estrategia no se limita a Estados Unidos. En mayo de 2026, SoftBank anunció el compromiso de construir y operar 5 gigavatios de capacidad de centros de datos de IA en Francia. La inversión total podría alcanzar hasta 75.000 millones de euros, mientras que la primera fase debería incluir una inversión inicial de 45.000 millones de euros y aportar 3,1 gigavatios de capacidad en la región de Hauts-de-France.
Son invierte como si la futura carrera de la IA no fuera a ganarla únicamente quien tenga el mejor modelo, sino quien controle la potencia de cálculo, la energía y la infraestructura necesarias para entrenarlo y operarlo.
Justin Ishbia: private equity, consolidación y deporte
Justin Ishbia representa un tipo completamente distinto de inversor multimillonario. Mientras Son apuesta por una transformación tecnológica global, Ishbia ha construido su fortuna mediante la disciplina del private equity: comprar y desarrollar empresas pequeñas y medianas, a menudo en sectores fragmentados donde la profesionalización y la consolidación pueden crear valor.
Ishbia es fundador y managing partner de Shore Capital Partners. La firma se describe como un gestor de private equity centrado en empresas del lower-middle-market en varios sectores, incluidos salud, alimentación y bebidas, servicios empresariales, industria y real estate. En febrero de 2026, Shore anunció el cierre de su segundo fondo industrial con compromisos de capital superiores a 400 millones de dólares, destacando el continuo interés de los inversores por su estrategia sectorial.
El enfoque de inversión que representa Justin Ishbia es menos llamativo que los megaproyectos de IA de Son. Pero en muchos sentidos puede ser más repetible. Shore se centra en empresas con flujos de caja estables, equipos directivos sólidos y margen de crecimiento mediante consolidación de mercado y expansión orgánica.
En 2026, resulta especialmente interesante el segundo fondo industrial de Shore Capital. La firma señaló que el fondo continúa su estrategia en mercados fragmentados con una demanda final resistente. Esto importa porque los servicios industriales, el mantenimiento, las reparaciones, la infraestructura y los operadores especializados adquieren cada vez más relevancia en una economía que debe modernizar cadenas de suministro, sistemas energéticos y activos físicos.
Por qué Justin Ishbia también apuesta por el deporte
Otra área que merece atención es la propiedad de clubes deportivos. Justin Ishbia ya está vinculado a varios activos deportivos. En 2023, cuando Mat Ishbia completó la adquisición de la participación de control en Phoenix Suns y Phoenix Mercury, la NBA informó que Justin Ishbia se convirtió en el segundo mayor accionista y alternate governor de esas franquicias.
Un paso aún más significativo llegó en el béisbol. En junio de 2025, los Chicago White Sox anunciaron que Jerry Reinsdorf y Justin Ishbia habían firmado un acuerdo de inversión a largo plazo que crea un marco para que Ishbia pueda adquirir en el futuro una participación de control en el equipo. Según el acuerdo, Ishbia aportará capital a los White Sox en 2025 y 2026 como limited partner, y los fondos se utilizarán para reducir deuda y apoyar las operaciones ordinarias.
El acuerdo otorga a Reinsdorf la opción de vender a Ishbia la participación de control entre 2029 y 2033. Después de la temporada de 2034, Ishbia tendrá la opción de adquirir dicha participación de control. El club también indicó que una transacción de ese tipo no podría producirse antes de 2029.
Para los inversores, los clubes deportivos ya no son solo “juguetes para multimillonarios”. Cada vez más se consideran activos escasos vinculados a medios, entretenimiento y real estate. El valor de las franquicias deportivas ha aumentado de forma notable en los últimos años gracias a los derechos de retransmisión, el streaming, los patrocinios, las experiencias premium en vivo y el número limitado de clubes que se pueden poseer. La entrada de Ishbia en el deporte encaja por tanto en una tendencia más amplia entre multimillonarios: poseer activos que combinan marca, lealtad de los aficionados, relevancia cultural y escasez a largo plazo.
Dos multimillonarios, dos mapas de inversión
Masayoshi Son y Justin Ishbia no invierten de la misma manera. Aun así, en sus enfoques aparece una lógica similar: no centrarse solo en el producto, sino en la plataforma que lo hace posible.
Para Son, esa plataforma es la infraestructura de inteligencia artificial. Su capital se dirige a sistemas que pueden impulsar la siguiente fase de la economía digital: OpenAI, Arm, centros de datos, capacidad en la nube, energía y computación avanzada. Para Ishbia, la plataforma es la escala operativa. Su capital se dirige a sectores fragmentados, empresas privadas y clubes deportivos cuyo valor puede crecer mediante consolidación, gestión profesional y propiedad a largo plazo.
Este contraste es importante. Muchos pequeños inversores siguen acciones cotizadas que ya son muy conocidas. Los multimillonarios, en cambio, a menudo se centran en la capa situada por debajo de la tendencia evidente. En el caso de la IA, eso significa energía, chips y capacidad de computación. En el private equity, significa pequeñas y medianas empresas con potencial de consolidación. En el deporte, significa activos escasos con valor mediático y cultural.
¿Qué pueden aprender los inversores comunes?
Seguir a los multimillonarios no significa copiar sus pasos a ciegas. Masayoshi Son puede permitirse niveles de deuda, volatilidad y concentración que serían demasiado arriesgados para la mayoría de los inversores individuales. La estrategia de SoftBank en IA es ambiciosa, pero también intensiva en capital y expuesta a riesgos de valoración, financiación y ejecución.
Lo mismo ocurre con Justin Ishbia. Las operaciones de private equity, las franquicias deportivas y la consolidación del lower-middle-market no son fácilmente accesibles para el inversor común. También requieren experiencia, control operativo y un horizonte de inversión largo.
Aun así, sus estrategias permiten extraer varias lecturas.
La primera lección es que invertir en IA en 2026 ya no consiste solo en empresas de software. También pueden aparecer oportunidades interesantes en semiconductores, operadores de centros de datos, infraestructura energética, tecnologías para redes eléctricas, refrigeración, servicios en la nube o ciberseguridad.
La segunda lección: las empresas aburridas pueden ser inversiones muy potentes. El modelo que representa Justin Ishbia muestra por qué las compañías con flujos de caja estables en sectores fragmentados pueden resultar atractivas cuando se les aplica capital, mejor gestión y consolidación durante un periodo prolongado.
La tercera lección: la escasez tiene valor. Los equipos deportivos, la infraestructura de calidad, los terrenos estratégicos, el acceso a la energía o los servicios industriales especializados tienen algo en común. No pueden crearse de la noche a la mañana en cantidades ilimitadas.
La señal de inversión para 2026
El mapa de inversión de los multimillonarios en 2026 no trata solo de perseguir la tendencia más ruidosa. Se trata, sobre todo, de identificar los sistemas sobre los que se apoyará la próxima década.
Masayoshi Son apuesta por que la inteligencia artificial necesitará una nueva capa global de infraestructura. Justin Ishbia, por su parte, apuesta por que la propiedad disciplinada, la consolidación y los activos escasos pueden seguir revalorizando el capital fuera del foco principal de los mercados públicos.










